No es Kombucha todo lo que parece: Cómo evitar engaños en el mercado

La explosión de interés por la kombucha ha generado un escenario donde la autenticidad se desdibuja entre una variedad de productos que no cumplen con los estándares genuinos de esta bebida fermentada. En un mundo donde la salud y lo natural predominan, la kombucha, conocida por sus potenciales beneficios probióticos, ha sido objeto de una fiebre comercial. Sin embargo, la falta de regulación ha permitido que muchas marcas vendan productos que distan mucho de la auténtica kombucha, confundiendo a los consumidores y socavando su búsqueda por alternativas saludables.

Detrás de esta fiebre está, en buena medida, el halo saludable que la acompaña. Las bacterias y levaduras que transforman los alimentos frescos en fermentados pueden tener efectos probióticos. Y aunque son pocos los estudios realizados al respecto, hay ciertos indicios que parecen confirmar que el consumo de kombucha ayuda a controlar los niveles de glucosa en pacientes con diabetes tipo 2, como los que muestra un estudio publicado en la revista Frontiers of nutrition este verano.

Javier Maeztu, nutricionista y fermentador (Instagram), enfatiza que algunas de las bebidas etiquetadas como kombucha apenas difieren de una Coca-Cola. La falta de normativas específicas en España, Europa y a nivel mundial ha creado un vacío legal que la industria alimentaria ha aprovechado para sacar al mercado productos que apenas se asemejan a la fórmula ancestral de la kombucha. Esto incluye desde infusiones de té hasta vinagres con edulcorantes y gas carbónico, todos comercializados como kombucha, a pesar de no cumplir con sus estándares.

La búsqueda de beneficios para la salud ha impulsado a muchos consumidores a recurrir a los supermercados y tiendas online en busca de la genuina kombucha. Sin embargo, la falta de definiciones claras sobre qué constituye auténticamente esta bebida dificulta que los consumidores adquieran lo que realmente buscan. A pesar de la inexistencia de regulaciones oficiales, existe cierto consenso entre expertos sobre los parámetros que debería cumplir una kombucha legítima, definidos por el Code of practice del Kombucha International Brewers (KIB) en California. No obstante, este código ha tendido a ser más laxo con el tiempo, permitiendo adiciones como gas carbónico, aromas y colorantes, lo que diluye la esencia de la bebida.

Robert Ruiz, experto en fermentaciones, advierte que esta falta de regulación puede interpretarse como un espacio creativo o una oportunidad para que la gran industria monopolice este campo. La versatilidad creativa ha llevado a muchos innovadores a experimentar con scobys de kombucha para fermentar otros líquidos, obteniendo resultados de alto potencial gastronómico. No obstante, el tiempo necesario para una fermentación auténtica (entre tres y cuatro semanas) contrasta con la necesidad de la industria de acelerar procesos, dando lugar a productos que se asemejan a la kombucha en apariencia, pero que no cumplen con los estándares de calidad.

La distinción entre una auténtica kombucha y sus imitaciones se vuelve crucial. El etiquetado y la ubicación en los estantes de supermercados son indicadores clave. Las verdaderas kombuchas, al contener bacterias vivas, se encuentran refrigeradas, mientras que las que permanecen a temperatura ambiente suelen estar pasteurizadas, perdiendo sus propiedades beneficiosas. Además, la cantidad de azúcar añadida es un indicador importante, ya que, a mayor cantidad de ingredientes agregados, mayor desviación de la receta original.

La importancia de informar a los consumidores sobre qué buscar al adquirir productos fermentados se destaca en las recomendaciones de expertos como Javier Maeztu, quien insta a mantener bajos niveles de azúcar y a desconfiar de afirmaciones de salud infundadas. El mensaje clave es educar al público para que evite ser engañado por prácticas comerciales poco éticas y pueda tomar decisiones informadas sobre lo que consumen.

La kombucha, como bebida de bajo contenido alcohólico, ha sido atractiva para muchos, pero su creciente popularidad ha llevado al mercado a ofrecer versiones más allá de las embotelladas, incluyendo polvos para disolver, tés a granel y sobres monodosis. Sin embargo, ninguna de estas alternativas se ajusta realmente a los estándares de autenticidad de la kombucha.

En conclusión, la ausencia de regulaciones claras en el mundo de la kombucha ha dado lugar a una proliferación de productos que difieren enormemente de la bebida original. Los consumidores se enfrentan a desafíos para encontrar productos genuinos y se ven bombardeados por afirmaciones de salud carentes de base científica. La clave para evitar engaños radica en educar a los consumidores sobre qué buscar y en demandar una mayor transparencia y normativas claras en la industria de la kombucha para garantizar productos auténticos y de calidad para el público.

Fuente: Diario El Pais. Artículo de Sarah Serrano Pino. Madrid – 

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